Los hechos de 1974
23 de Mayo de 1974 Trabajadores de Propulsora Siderùrgica Techint Ensenada, Argentina decidieron luchar por una patria soberana y un pueblo feliz
La visiòn de Venero (Investigador Universitario)
En un nuevo aniversario del golpe de Estado y en medio de un
gobierno de empresarios y el desprestigio de la cúpula sindical, recuperamos la
historia de los trabajadores de una de las fábricas más combativas del gran La
Plata.
En la
madrugada del 24 de marzo de 1976 más de cuarenta trabajadores de Propulsora
Siderúrgica corrieron a través del inmenso predio de la empresa y escaparon
saltando los alambrados ante la noticia del golpe. Habían sido advertidos por
un miembro de la oficina de Relaciones Laborales: el que estuviera
comprometido, que raje. La empresa mantenía un doble juego, mientras avisaba a
los trabajadores para que puedan escapar, evitando ensuciarse con la detención
de un gran número dentro de la planta, entregaba a los militares los legajos
del personal, señalaba a los trabajadores que debían ser detenidos y mantenía a
las Fuerzas Armadas dentro del predio, realizado requisas personales, revisando
taquillas, etc. La represión a los trabajadores de la empresa fue enorme.
Gracias a un informe reciente (Responsabilidad empresarial en delitos lesa
humanidad) hoy sabemos que hay por lo menos 19 desaparecidos entre trabajadores
y ex-trabajadores, 3 asesinados durante el golpe, al menos 11 detenidos o
presos que luego fueron liberados y que 4 lograron exiliarse. El golpe
cívico-militar buscaba terminar con el desarrollo del sindicalismo combativo
que se había conformado dentro de la empresa.
Propulsora
Siderúrgica comenzó a funcionar a fin del año 1969, el gran proyecto de Techint
era lograr instalar una acería integrada en Ensenada, pero la lógica militar no
vio con bueno ojos que SOMISA tuviera competencia. Este obstáculo no detuvo a
Agostino Rocca: con créditos nacionales y del Vaticano, puso en práctica los
conocimientos adquiridos en la gerencia de Finsider (acería desde donde se
desarrollo el proyecto siderúrgico de la Italia fascista) construyendo una
planta de laminación en frío que contaba con tecnología de punta. No había en
la zona obreros capacitados para ese tipo de procesos productivos por lo que se
optó por contratar gente joven y capacitarla en los puestos de trabajo.
En los
primeros años se conformó una comisión interna que respondía a los lineamientos
de la UOM y que mantenía buenas relaciones con la empresa, hasta que en 1973 un
conjunto de trabajadores con militancia en distintas organizaciones e
ideologías (Peronismo de Base, Juventud de Trabajadores Peronistas, Montoneros,
Partido Comunista, Partido Comunista Revolucionario y Partido Socialista de los
Trabajadores; posteriormente se sumó el Partido Revolucionario de los
Trabajadores) conformaron la Lista Blanca. Estaban convencidos de que contaban
con el apoyo de la gran mayoría de sus compañeros de trabajo y así fue. El
sindicato recurrió al fraude en las elecciones, robando las urnas y cambiando
los votos para que triunfe la Lista Azul. Nada se pudo hacer para impugnar la
elección, pero la legitimación de los triunfantes era nula: la Blanca sólo
tenía que encontrar la oportunidad para ponerse en movimiento.
El momento
clave surgió en mayo de 1974. Los salarios en Propulsora tenían fama de ser los
mas altos de la zona, pero el Pacto Social estaba erosionándolos a pasos
agigantados y la demanda de un aumento fue el escenario perfecto. Tras una
asamblea en la planta que no contó con el apoyo gremial y de la cual los
delegados se escaparon para no ser repudiados, los trabajadores tomaron el
establecimiento. Al reclamo salarial se sumó la demanda al sindicato por el
fraude y el reconocimiento de la comisión interna organizada durante el
conflicto y en la que se encontraban los miembros de la Blanca. Durante cinco
días permanecieron dentro de la fábrica hasta que el desalojo por las fuerzas
policiales se volvió inminente y decidieron abandonarla. El conflicto se
mantuvo por más de cien días, de ahí que se la conociera como la huelga grande
y culminó con el triunfo de los obreros. Si bien la empresa accedió a los
reclamos a partir del secuestro de uno de los ingenieros de la empresa por
parte de Montoneros, su derrota y la de la UOM fueron el resultado de la
fortaleza colectiva que mantuvo el conflicto hasta el final. Hay que señalar
una particularidad de los dirigentes obreros de Propulsora: la capacidad para
mantenerse unidos a pesar de las diferentes estrategias que tenían, producto de
sus distintos espacios de militancia partidaria.
La lucha
dejó un importante saldo organizativo: un cuerpo de delegados y una comisión
interna elegidos por los trabajadores (si bien no estaba reconocida por la UOM,
actuaba de hecho como tal y era reconocida por la empresa) y un mecanismo
asambleario que garantizaba la solidez de los reclamos y la alta movilización
en las luchas. Sobre esos cimientos la comisión interna de la empresa
fortaleció los lazos con los trabajadores de los establecimientos cercanos y
organizaron la Coordinadora de Gremios en Lucha en La Plata, Berisso y Ensenada
en 1975, que enfrentó al rodrigazo.
Pero no
todo fueron triunfos y la represión los alcanzó mucho antes del 24 de marzo. El
13 de enero de 1976 fueron asesinados por un comando de la CNU el Pampa
Delaturi y Juan Carlos Scafide, ambos delegados de la fábrica, reconocidos
dirigentes por sus compañeros y militantes partidarios. El Pampa, de larga
tradición en el Partido Comunista se había desplazado al PRT-ERP por el rechazo
a las posturas de su partido y Scafide era un importante miembro del PST. La
experiencia de lucha y organización que los trabajadores desarrollaron en unos
pocos años hicieron inevitable la respuesta: cese de actividades en la planta y
movilización al cementerio. Sin embargo no pudieron cumplir con la expectativa.
La policía los estaba esperando con gases lacrimógenos y el objetivo claro de
no permitir esa manifestación. Apenas un mes después, Daniel Midon, otro
compañero fue asesinado junto a un obrero del Astillero Río Santiago.
Estos
acontecimientos fueron el punto máximo de la represión previa al golpe, pero no
fueron suceso aislados. Desde la gran huelga de 1974 los trabajadores fueron
víctimas de distintos hechos de violencia de la mano de las organizaciones
para-policiales. El efecto de estos ataques, entre los que las amenazas
personales era moneda corriente, fue la clandestinidad para muchos militantes.
Si bien gran parte de los referentes dejaron la planta la organización interna
se mantuvo firme.
En este
escenario, el golpe de estado era imprescindible para la empresa: tras los
asesinatos de principios de 1976, el 24 de marzo fue el golpe de gracia que
logró desarticular el sindicalismo de base en Propulsora y desarmar los lazos
de solidaridad que imperaban entre los trabajadores. Durante más de cuatro años
no pudieron organizarse nuevamente ni encontrar vías de expresión para sus
reclamos. En esos años la empresa mantuvo los salarios deprimidos y avanzó
sobre varias conquistas laborales. La UOM aprovechó el escenario y unos años
después, con el terreno allanado, designó a un reducido grupo como delegados,
creyendo que finalmente lograría controlar la planta. La decepción debe haber
sido enorme.
En los
últimos años de la dictadura fue surgiendo un nuevo activismo dentro de la
planta con trabajadores que ingresaron después de 1976, que lentamente logró
superar el miedo instalado a través del terror. Una asamblea en los talleres de
mantenimiento puso a girar la rueda nuevamente. En pocos años lograron recuperar
el cuerpo de delegados y hasta se presentaron a las elecciones de la UOM con la
posibilidad de triunfar. Este nuevo cuerpo de delegados fue heredero de las
formas de organización desde abajo que se construyeron en los setentas y
gracias a ello logró representar a los trabajadores por diez años y obtener
grandes triunfos.
La historia
de los trabajadores de Propulsora Siderúrgica es más compleja que lo que estas
ajustadas líneas permiten reflexionar. Pero permite comprobar los objetivos de
clase del último golpe de estado y del poder de la represión articulada entre
militares y empresarios. No obstante, también es la comprobación de las
capacidades de los trabajadores para superar esa derrota y organizarse
colectivamente para defender sus derechos.







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